NOSOTROS

NUESTRA IDENTIDAD

NUESTRA IDENTIDAD

Somos una Fraternidad católica, situada en Toulon ( Francia) cuyo objetivo principal es sanar, formar y capacitar cristianos para servir al Reino de Dios.

Hemos sido invitados a realizar Retiros en varios países como Inglaterra, Francia, Alemania, Suiza, Portugal, Estados Unidos y otros lugares.

En nuestro ministerio usamos los dones del Espíritu Santo, como los describe San Pablo en la primera Carta a los Corintios, y como resultado hemos visto al Espíritu Santo transformar vidas, cuando las personas experimentan el Amor de Dios.

Esforzándonos en estar atentos a los movimientos poderosos y singulares del Espíritu Santo en esta generación, buscamos fomentar la unidad entre los cristianos y entre las naciones, con el poder del Evangelio.

Manteniendo nuestra identidad católica, esperamos, y de hecho nos sentimos llamados a experimentar, la unidad cristiana dentro de la fraternidad.

Estamos abiertos a recibir cristianos de otras denominaciones y corrientes como miembros.

Nuestra unidad dentro de la fraternidad debe fundamentarse en nuestro amor a Cristo, avivado por la experiencia del bautismo del Espíritu Santo.

Monseñor Dominique Rey y Padre Antoine Coelho

El Espíritu Santo es el Amor desbordante de Dios. Como “Casa del Espíritu Santo” deseamos ser realmente una “casa” para el Espíritu Santo, cuyos miembros experimenten su poder, su intimidad en la adoración, el amor y la libertad de los hijos que viven juntos en la familia de Dios.

Queremos ser un lugar que acoge a aquellos que vengan sedientos, que los acoge tal cómo son, y darles de beber del manantial del agua viva y que así sean transformados.

NUESTRA MISIÓN

NUESTRA MISIÓN

Impulsados por el Espíritu Santo, el Amor desbordante de Dios, nos sentimos obligados a salir y pararnos con cada persona o personas que el Señor pone en nuestro camino.

 

Para nosotros este “pararnos” con cada persona, no es para brindarles un consuelo momentáneo, sino para, si están abiertos a ello, permitirles avanzar en un proceso triple.

Este proceso implica la sanación, la formación y la capacitación, para ayudarles a vivir con plenitud su vocación como cristianos.

Creemos que los jóvenes tienen una contribución especial que hacer a la Iglesia de Dios.

Tienen un dinamismo único con el que impactar al mundo. Tienen una particular apertura a la creatividad del Espíritu Santo. Su alegría y su entusiasmo es una poderosa y significativa fuerza en el Espíritu para llevar a las naciones a Jesús.

Creemos que los jóvenes buscan la verdad, el significado y el fin auténtico de las cosas. Por eso queremos dedicarles un esfuerzo especial y animarles a convertirse en quienes son realmente, a través de un verdadero encuentro con Jesús por medio del poder del Espíritu Santo.

UN PROCESO TRIPLE

UN PROCESO TRIPLE

Sanación

A través del encuentro con el Amor de Dios, deseamos que sea sanado el corazón de la persona.

Sabiendo que esto implica varios aspectos: sanación del pecado a través del arrepentimiento y el perdón, sanación de las heridas interiores, sanación de recuerdos, y sanación de vínculos negativos.

La sanación física tiene también un papel importante cómo manifestación concreta del Amor de Dios por la persona y signo de Su Providencia.

Formación

Enseñanza y comprensión de la fe cristiana- fe, identidad y vocación. Nuestra formación apunta hacia la renovación de la mente.

Esto implica formar en la fe y la doctrina cristianas, la espiritualidad y la oración cristiana y la moral y virtudes cristianas. La Palabra de Dios y la Revelación están en el centro mismo de nuestra formación.

Configurarse con la forma de pensar de Cristo abre las puertas a la transformación y renovación del corazón.

Capacitación

Consiste en la capacitación ó enseñanza en lo relativo a los dones y virtudes naturales y sobrenaturales.

Se trata de permitir que estos dones florezcan para la misión, de acuerdo con el plan de Dios para cada persona.

Para nosotros capacitar implica acompañar y apoyar a la persona a lo largo de su camino. La principal fuerza impulsora y catalizadora de este proceso de capacitación en los dones, es el poder de lo alto recibido en el bautismo del Espiritu Santo.

Parte de estos dones son los enumerados en la primera Carta a los Corintios, capítulo 12.